Cerrando el Año de 2014 – Ladran, Sancho…

Cerrando el Año de 2014 – Ladran, Sancho…

Desde septiembre no escribo y todo tiene su porqué. Tuve un fin de año bastante movido, desde lo personal, que obviamente terminó reflejado en lo profesional. De ahí que tengo una cantidad de notas pendientes que empezaré a largar en enero y serán como una cascada de palabras, porque mi alma está ansiosa por volcarse en la escritura!

Todo el 2014 fue un año complicado, con muchos logros y también muchas dificultades. Suelo decir que los años pares son siempre, para mí, años de aprendizaje y reflexión, en los cuáles tengo momentos duros y difíciles pero de los cuales, al final, aprendo mucho. Y éste no podría ser distinto.

Año de encuentros y desencuentros, llegadas y despedidas. Gentes que salieron de mi vida tan rápido como entraron. Año de descubrir quienes realmente importaban y quienes no. De personas que prometieron sin poder cumplir y de otras que no prometieron nada e hicieron mucho. De conocer amigos maravillosos y perder (perder?) otros que no lo eran tanto. De querer y dejar de querer. De comprender que cada uno es como es, y tiene que hacerse cargo de sus elecciones. De no intentar salvar el mundo ni sus integrantes. Y de también no dejar de hacerlo. De conocer más de la esencia humana, sus fallas, posibilidades y ausencia de. De aceptar cada vez más los grises… Ah, los grises…

Desde lo laboral, año de sembrar mucho y despacito ir cosechando, esperando que la cosecha final sea, en el 2015, grande y proficua. De hacer contactos con gente muy interesante, que seguramente aportarán mucho a mi vida profesional de ahora en adelante. De viajes maravillosos. De escuchar historias impresionantes. De escribirlas.

De mudanza de casa, de barrio. De tener que atrasar planes y aceptar que “no existe proyecto o imaginación que puedan con la vida misma, que como sabemos, nada en ella nos demuestra que dos más dos es cuatro” (palabras de uno de mis nuevos viejos amigos, el genial Mario Sorsaburu).

Sin querer parecer cursi y ya pareciendo, sí, sigo pensando y pensando en este año que termina en unos días, al menos para los que creen que es así, y mi psique lo trabaja de esa forma. No voy a poder saltar las doce olas, ni estar en la playa, ni tampoco comer las doce uvas, mucho menos tirarle ofrendas a Yemanjá – pequeñas creencias de toda una vida vivida en Brasil. Pero sigo pensando que se cierra un ciclo y empieza otro, mucho mejor, porque así quiero que sea.

A todos, los que siguen en mi vida y los que no, les deseo un 2015 infinitamente mejor que el 2014, independiente de cómo haya sido para cada uno. Parafraseando muy respetuosamente a Borges, “El frontispicio del castillo advertía: Ya estabas aquí antes de entrar y cuando salgas no sabrás que te quedas.”




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