ALEJANDRO MAGLIONE | MAGLIONE

ALEJANDRO MAGLIONE | MAGLIONE

ALEJANDRO MAGLIONE

Nos encontramos para un café por la mañana, en Panini de Bulnes y Libertador. A la salida, caminando por la calle,  me dice: – Che, Lia, todo lo que hablamos no te va a servir, si casi nada lo podés contar…  cómo vas a armar una nota de todo ésto? Le contesto: – No te preocupes, Ale, que yo lo hago. Su respuesta: – Yo no podría. La mía: – Yo sí! Me miró con esa cara de “y ésta quien se cree que es??” No lo dijo, porque es un gentleman, pero casí se le escapa… y ese es Alejandro Maglione.

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Pensé mucho qué título le daría a esta nota y la verdad que no pude imaginar otro que no fuese su propio nombre. Porque… Bueno, el por qué creo es bastante claro. Él es él, y punto. Por esas suertes de la vida, para mí lógicamente, cruzamos caminos, en un viaje de prensa. Vale decir que no era originalmente mío el lugar en dicho viaje, pero alguien se bajó de último momento y sin verguenza de decirlo, acepté la invitación, sin saber quienes iban. Se nota que el Universo movió algo y allí estuve. Entonces,  este señor simpático, que yo obviamente sabía quien era en el momento en que lo vi en Aeroparque, y que también obviamente no tenía la más mínima idea de quien era yo, se dedicó a descansarme cuatro días, sin pausa y sin pena! Lo soporté herculeamente y, ahora confieso, se lo “cobré” en forma de entrevista! Touché!

Su nombre habla, abre puertas – o las cierra. Alejandro Maglione sabe la medida entre ser diplomático y no tener pelos en la lengua. Está en esa cómoda posición – desde su edad y del status logrado en la vida y en el trabajo – que puede decir lo que quiere y nadie lo puede ni quiere reprochar. Él sabe de todo un poco y un poco de todo, y de gastronomía, sabe mucho. Mucho más de lo que cuenta, porque es humilde, antes que nada. Tiene de esas vidas que me gustan, de gente que hace algo realmente, porque no vino al mundo a paseo, dejando su huella por donde pasa. Muchos lo entrevistaron y muchos lo entrevistarán, yo también lo hice y espero contar que nos conocimos así como él cuenta que conoció al Presidente, como si nada. Qué le pregunté? Muy poco, porque hacerle preguntas es prácticamente imposible, a menos que uno sepa compreender las mil respuestas que surgirán, por caminos que se van abriendo, uno tras el otro, en un never ending history interrumpida a veces por un “En qué estaba?” que aparece de la nada, y ahí te das cuenta de que él se perdió – y uno también, obviamente, porque lo siguió. Mejor dejarlo que hable, porque es la propia historia de la gastronomía argentina.

Jugaba a la pelota con el Gato y con el pibito hijo del pescador, sin temor. Guarda, que en el mismo equipo, obvio. Conoce de Punta del Este más que los mismos uruguayos. Probó las comiditas más raras que se puede imaginar. Viajó por todos lados. Transita por diferentes mundos con total tranquilidad, lo que avala su educación y códigos. Valora el trabajo y la inteligencia, ama a su familia, es fiel a sus afectos. Cuenta con orgullo que sus padres le enseñaron, a él y a sus hermanos, el valor del trabajo. Percibe a la gente no por lo que tiene – aunque sepa que es el valor que el mundo le da a todos – pero por lo que es (o no es…). Amigo de sus amigos, pienso que tenerlo como enemigo no es buena idea, aunque intuyo sería un enemigo leal y honesto. Tiene el humor de un niño, las ganas de vivir de un adolescente, la energía de un joven de treinta años, la cultura de quien viajó mucho y estudió aún más, la sabiduría de su edad cronológica.

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Entre tantas cosas que hablamos, en casi dos horas que podrían haber seguido tranquilamente a tres o cuatro, expuso sus opiniones sobre cómo ve la gastronomía hoy en día. Lo escuchaba y tenía la sensación de estar viajando en el tiempo, mientras me explicaba porqué no le gustan las “espumas y bolitas que hacen malabares en los platos”, éste que fue uno de los idealizadores de Cuisine & Vins. Desde los Anti Gourmets hasta Hervé This, revistas baratas, pseudo periodistas y excelentes plumas, cocineros que se creen chefs y grandes chefs que son totalmente bajo perfil, closed door restaurants y paseos con duquesas, castillos en Chile y charlas sobre vinos, historias de familia y su amor por la Patagonia, programas de radio y grupos de gastronomia de FaceBook, paseamos por todo. No, no puedo decir nada, pero escuché cada palabra. Noventa y nueve por ciento es off records; sí me autorizó a contar que califica a i Latina como uno de los mejores en Buenos Aires hoy en día  y que Antonio Soriano le cae bastante bien; que le encanta Damblee y que lleva su vino cuando va a cenar (y que no se le ocurra a nadie cobrarle descorche!); que los modernos emplatados lo fastidian porque el ojo de bife se le escapa del plato cuando lo va a cortar, y que nada mejor que pedir milanesa con papas fritas para saber si alguien realmente sabe cocinar. Cree que el futuro de la cocina está en los home made restaurants y le gustan los food trucks. Que admira la gastronomia molecular pero que el huevo poché frío es un asco. Espera poder ayudar a democratizar la cocina y entiende que el mejor vino es el que le gusta a cada uno; importante no olvidarse quien era su familia, prácticamente creció dentro de una bodega, pegado a una barrica, sabe lo que dice.

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Particularmente, una figura humana a la que admiro, y quien me conoce sabe que no lo digo si realmente no lo siento así, no importa si la persona es “alguien” o “nadie”. Alejandro es de esas personitas, término usado aquí con mucho cariño, que aporta algo inolvidable a la vida de quienes cruzan su camino. Solo es cuestión de estar atento y paciente para escucharlo, porque aunque uno pueda no estar de acuerdo con sus opiniones, son aportes que ameritan ser pensados. O repensados.

Un placer haber coincidido en esta vida. Un honor haberlo entrevistado.  Espero traer algo para que otros puedan conocerlo un poco más. De hecho, les garantizo, no es tan malo como se esfuerza en parecer…



0 thoughts on “ALEJANDRO MAGLIONE | MAGLIONE”

  • Lía, muy acertada tu mirada sobre Alejandro.
    Muchos con el 10% de su realidad,aparentarían en 500% más que él.
    Sabe pero no impone y lo grande es que está abierto a aprender a saber un poco más y vuelca sus experiencias y saberes a todos, no se guarda nada y se ríe de la gilada.
    Lo mejor es su vitalidad, su energía y su buen humor, sabe que la vida se pianta y que los torpes se la toman tan en serio como para no disfrutarla.
    Felicitaciones por haberlo aprovechado en una entrevista.
    Me hubieran gustado algunas de sus anécdotas tan jugosas, de las que conozco tantas, para contarles a la gente,que sé hubieran disfrutado.
    Mario.

    • Mario, otro gran honor que vos te hayas tomado tiempo en leerme y aportar tu opinión, gracias!Fue un placer inmenso poder escucharlo a Alejandro, más allá de saber de lo ocupado que es y que brinda lo que de más importante tiene, su tiempo.Lo de las anécdotas, si los señores me permiten, me encantaría acompañarlos a ambos y escucharlos, prometo no decir nada! Un abrazo!

  • Una persona amplia, un admirador del trabajo, del esfuerzo, de la calidad, generoso y bondadoso. Lo respeto y admiro, y al cual le estoy totalmente agradecido. Muchas gracias.

  • Muy buena descripción del personaje, Lía, sobre todo para alguien que lo conoce hace tan poco tiempo. En verdad que su anecdotario e historias de vida no tienen desperdicio. Agrego que tiene un gran corazón; en ese sentido tu intuición no te falló: a veces le gusta parecer malo, pero es para ocultar su natural bonhomía.

    • Luis, mil Gracias por pasar por aquí! Y, las mujeres tenemos la dicha intuición, hay que usarla, verdad? Te juro que me quedaría escuchándolo muchas horas más, pero ya será, y venís vos también! Abrazote!


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